Isabelle Sorente "Yo no inventé, lo recuerdo"

lo que es interesante en su libro es que la relación entre la víctima su verdugo. La locura de uno no puede ser ejercida sin la respuesta del otro.

Isabel Sorente: Eso es todo. Estas son las dos facetas del mismo mal. La lucha entre el bien y el mal no es para condenar a uno y absolver al otro. Juzgar no es suficiente. Los personajes de la novela se enfrentan, de una u otra forma, con un miedo a las mujeres y lo femenino, lo que los lleva a odiarse a sí mismos o al otro. En Lucie, la heroína es el miedo a su propia creación, ella es una actriz y pintora, que permite el odio a sí mismo para practicar. Este miedo la mantiene en una postura infantil que juega al principio, sin darse cuenta de que la alcanzará, porque este defecto, interpretando a la niña pequeña, este papel es mucho más antiguo que ella. Ella estará poseída por este papel de mujer-niño, del cual juega muy bien, demasiado bien, y que la abrumará. Hasta perder su cabello, volverse loco. Dejar el masoquismo, dejar de querer complacer, le permite dejar este juego de ping-pong. La dimensión legendaria y espiritual de estas pruebas y la lucha que implican para las mujeres que las cruzan realmente no se exploran ... Quería leer un libro sobre él, así que lo escribí. De hecho, Lucie proyecta sus demonios sobre otros. Pero sus demonios también son una herencia colectiva ... Nadie es inocente en el asunto.

Las madres de los dos amigos, Mina y Lucie, juegan un papel muy importante en la novela.

Isabelle Sorente: Un papel fundamental. Las dos madres de la novela transmiten, a pesar de ellas mismas, el miedo a su poder de creación y seducción a sus hijas. Temen tanto a las mujeres que podrían ser temidas por su entorno y por quienes las rodean, que temen que sus hijas lleguen más lejos. La madre de Mina fue abandonada por su esposo en circunstancias humillantes. Para la madre de Lucie, es peor porque fue aislada de su poder creativo. Creo que puede causar cosas muy serias, lo que resulta en actos de destrucción. ¡Siempre pensé que Medea era una artista a la que se le había impedido crear!

No hay padre ¿No podrían ser reparados en su poder de seducción y creación?

Isabel Sorente: Sin dudas. Sobre todo, carecen de una sociedad muy racional y de alto rendimiento, donde a los jóvenes se les enseña que deben tener éxito, un lugar seguro para retirarse, lo que yo llamaría su necesidad de culto. Lo cual es casi más fuerte, en el caso de Lucie, que la necesidad de amor.La posibilidad de la adoración es esencial, es una necesidad espiritual, debe colocarse en el lugar correcto. Venerar a su pareja lleva a Lucie a lo que se llama masoquismo. Pero otros comienzan a venerar a su jefe, este es el caso de Jonathan en la novela. Esta fortaleza, esta necesidad de adoración que nos impulsa a crear, también puede devorarnos. Mina satisface su necesidad de adoración por escrito, ama la verdad, incluso si no siempre mide la fuerza o la crueldad.

¿Qué hubiera pasado si no le hubiesen permitido escribir, en su turno?

Isabelle Sorente: ¡Me habría infectado!

¿Cómo se escribe?

Isabel Sorente: Cuento la historia, llené cuadernos, y cuando puedo decirlo como si realmente hubiera pasado, empiezo a escribir. Como si fuera cierto. Porque el monje que está en mí no se levanta para contar algo inventado (risas).

Te veo muy cerca de una escritora como Donna Tartt. En el despliegue, la develación progresiva, la tensión, que en el fondo es erótica. ¡El lector está esperando el final!

Isabelle Sorente: ¡Es un gran cumplido! Lo que me interesa es la trama. Lo arrojamos como una red y vemos que volvemos como peces. ¡Qué placer sentí al escribir este libro! Si es para decir algo que no existe, no me interesa. Lo que busco en la ficción son los arquetipos, estas son nuestras ficciones secretas.

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