Jean-Claude Carrière: "Vivir es ponerse en el escenario"

¿Qué en nuestra vida sería permanente?

Podemos llamar eso ... la vida, simplemente. O lo que en nosotros está vivo. ¿Podemos mejorarlo por el tiempo que nos ha dado? Mi respuesta es sí. Aconsejo a muchas personas que le pregunten al niño de vez en cuando que han venido a juzgarlos. Traer, en el medio de nuestras vidas, a la niña pequeña que has sido, el niño pequeño que era, y preguntarle: "¿Te ha complacido la vida que hice?" ¡Es un ejercicio terrible! A veces, también, es útil hacer la pregunta: "Si alguien" talentoso "me tomara como personaje, ¿qué diría? Seguramente estaría muy, muy sorprendido. Pero él me enseñaría mucho sobre mí.

Para usar esta metáfora de la vida y el drama, se dice que algunas personas dicen: "Él es un personaje". ¿Cómo lo oyes?

Ser "un personaje" puede tener dos significados. La primera evoca imitación. Todos conocemos bimbos que quieren parecerse a Paris Hilton o pequeños viejitos con barba de chivo que podrían ser personajes de 1910 ... En un momento dado, encontraron a su personaje y permanecen allí hasta el final de sus vidas. Y luego está el otro significado: las personas que se han distanciado, han adquirido la fuerza para ser extravagantes, o un ermitaño, alguien que no se parece a nadie. Han logrado salir del anonimato, incluso de la nada, y gradualmente construyen algo que se adapte a su físico, a su grado de educación, y que nunca los olvidaremos. En este caso, los admiro mucho.

¿Porque han encontrado su color?

Sí. El actor Jean Carmet, en este sentido, fue un personaje maravilloso. Era un gran amigo y cuando venía a mi casa siempre traía una buena botella de vino ... ¡y hierba para gatos! ¡Tres días después, llamó para averiguar si la hierba los había complacido! Ese es el detalle que no había llevado a ninguna parte, fue su invención. Como resultado, lo que hizo fue que le dieron papeles que quizás nunca le hubieran dado. El papel de un prelado, por ejemplo, en La controversia de Valladolid (película para televisión de Jean-Daniel Verhaeghe, guión de Jean-Claude Carrière - 1992). Este rol de "promoción", además, lo tomó como una verdadera promoción en la vida. Él dijo: "Siempre he jugado sacerdotes parroquiales de países modestos, ¡de repente soy cardenal!"

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