De la prisión real es la soledad

Durante cuatro años separados y luego divorciados, tengo la impresión de encontrarme en el mercado de trabajo forzado. Intenté todo: reuniones fortuitas, periódicos, agencias matrimoniales e incluso Internet. Nada ayuda. ¡Estas son aventuras dolorosas sin mañana! Las mujeres divorciadas, ya sea que hayan elegido dejar al otro o no, están perdidas. Buscan lo que no son, o más. ¿Su intimidad? Informaron sobre sus hijos y su amor. A algunos les gustaría que un príncipe sea encantador, pero ya no pueden aceptar los sentimientos. Al tiempo que muestran estos mismos sentimientos en una feroz voluntad de reconstruir sus vidas. Incapaces de participar en la realidad, hacen trampa y huyen. Nuestra compañía hace singles y hay razones. Muchas mujeres han perdido su identidad como mujeres.

No en la forma de apariencias, sino en las profundidades de ellos mismos. Incapaces de amar, sin reconocerlo, vagan en el laberinto de aventuras, sueños y rencores pasados. No conocemos a una mala persona. Nos encontramos a nosotros mismos. Cuando se estima la "caída" de la persona equivocada, se plantea la pregunta "¿Por qué vivimos con ella?"

fuerzas nadie que se encuentran, obviamente es su propia elección. Desde allí, una pequeña luz ilumina nuestros motivos. No hay dependencia de amar verdaderamente a alguien, no hay prisión, confinamiento sentimental. La verdadera prisión es la soledad. Si tememos al primero y el segundo aparece como un refugio, es indudablemente que no nos hemos encontrado personalmente. Los encuentros futuros se convertirán en ajedrez, espejo perfecto de nuestros lados oscuros.

Sobre todo, no debemos olvidar que nuestros hijos no nos pertenecen. Necesitamos educación y amor para que puedan irse y vivir. Podemos prescindir de la transmisión de nuestro combate estéril y nuestros estados de ánimo. Cuando todo gira en torno a ellos, es porque nuestra propia cabeza ya no está girando. Transformamos el amor en un vínculo y unimos sus vidas al nuestro. Nos engañamos a nosotros mismos y los precipitamos en el vacío emocional de nuestras propias vidas, que seguramente reproducirán más tarde.

Las mujeres deben recuperar su profunda feminidad hecha de dulzura y amor para llevarla al hombre. El hombre a cambio transmite su razón y su fuerza a la mujer. La adición de estos dos componentes proporciona la alquimia del equilibrio de la pareja humana. Para eliminar una u otra y lo masculino vuelve a caer en su lógica fría, lo femenino en el ciclotímico afectivo.

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