"Soledad nos despoja de lo que nos estorba"

¿Qué diferenciar entre la soledad y el aislamiento?

El aislamiento es depresogénico. Nos vamos a casa, no tenemos amigos, damos vueltas en círculos, bebemos, sufrimos ... Es una sensación dolorosa, que puede hacer que desees morir. Nada que ver con la soledad iniciática. Este estado es libre, voluntario: estamos solos porque lo hemos decidido. Nos relacionamos con nosotros mismos en todos los niveles: corporal, cerebral, emocional, emocional, cognitivo, de fantasía, espiritual. No se trata de sentarse en tu sofá aburrido. Nos conectamos con otros, la naturaleza, el cosmos, lo sagrado. Esta práctica puede tomar muchas formas: caminar en un bosque, observar las estrellas, pensar en los que amamos, meditar.

¿Cómo encontrar el tiempo y el espacio para eso?

Ahí es donde entra la voluntad. Si queremos enfocarnos en lo esencial, podremos borrar el reloj. Y es importante negociar momentos de soledad en la relación, la vida familiar o el trabajo. Es cierto que a veces corremos el riesgo de aislarnos un poco. La pérdida de contacto puede ir muy rápido y debemos tener cuidado: si sentimos que la calma buscada nos lleva al aburrimiento y la depresión, hay una necesidad de recuperarse. Recomiendo la alternancia: tiempos de soledad y momentos de relación con los demás. No debes quedarte un mes sin ver a nadie. Pero es en la soledad donde encontramos la calma. Los humanos hacen mucho ruido. En la terapia, a veces necesito un momento de silencio de los pacientes que hablan, hablan y literalmente contaminan la sesión al descargarse. Recomiendo sus momentos estáticos de la soledad, como la meditación, sino también a otros, activos, expulsan su desbordamiento: caminar a paso ligero, deportes, movimientos ...

¿Por qué dice ¿Que solo te hace estar más presente a los demás?

Porque nunca estamos solos en la soledad. Estamos en relación, en comunión con la humanidad, con la naturaleza, con lo sagrado, con los seres que cuentan y que cuentan para nosotros. En un retiro, nunca estamos aislados en nuestra celda. Tampoco es porque no hay nadie más físicamente en nuestro departamento que estamos solos. Los lugares están de hecho sobrecargados. Si nos abrimos a nuestro mundo interno, surgirán veinte personas: los vivos, los muertos, que han desaparecido pero cuya presencia aún es evidente en nosotros. Podemos elegir conservar preciosamente a aquellos que nos ayudan, nos llevan y nos quitan a los que odiamos, que nos han hecho y nos hacen sufrir. La soledad nos ayuda a deshacernos de ella.Nos alejamos de estos pesos dolorosos y profundizamos lo que nos da alegría y amor. Y si no lo logramos, es porque no hacemos este trabajo de conexión con lo que nos constituye internamente. Estar solo no es doloroso ", que es la sensación de no contar para nadie. Se debe hacer la diferencia entre la soledad, donde estamos íntimamente conectados con los demás, y el vida pública, donde a menudo no estamos en contacto con nadie.

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