8 Hábitos para adoptar una mejor alimentación

¡Estos consejos te ayudarán a hacer buenos hábitos para comer más sano!

Barbara Brayner para Houzz

Usted puede haber oído acerca del estudio sobre el sobrepeso en Francia, dirigido por el Inserm y la Caja Nacional de Salud: este programa de investigación revela que casi un ciudadano de cada dos está preocupado por este flagelo y señala la poca información de los franceses en lo que respecta a la comida. Entonces, para invertir la tendencia, ¡agregamos nuestro pequeño grano de sal! Estos consejos lo ayudarán, tal vez, a variar y equilibrar sus menús. No se trata de prohibir las grasas, los azúcares y la sal de nuestra cocina, sino controlar mejor su ingesta porque, aunque son esenciales para nuestro organismo, también pueden ser nocivos en grandes cantidades. Sin embargo, recuerde que lo más importante de todo esto es el placer de comer bien.

1. Prefiere los granos enteros

A menudo hablamos sobre la incidencia de pan y pasta en nuestra cintura, pero los estudios han demostrado que las variedades completas no tienen ningún efecto sobre nuestro aumento de peso.

Ya sea que se base en trigo, arroz, avena o maíz, los granos integrales retienen su rica envoltura de fibra y nutrientes, a diferencia de las harinas refinadas, que se someten a un proceso de molienda. para librarlos del sonido y los gérmenes. La investigación también muestra los beneficios para la salud de los cereales integrales debido a su bajo índice glucémico y su poder saciante superior a los granos refinados.

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2. Centrarse en pescado y carnes magras

En general, las carnes y los pescados son bastante buenos para nuestra línea porque son ricos en proteínas. Un nutriente que juega un papel importante en la sensación de plenitud y que aumenta nuestra masa muscular a la vez que disminuye nuestra masa de grasa. Pero todas las carnes y pescados no son iguales: ¡su cantidad de grasa puede ir de simple a triple! Las carnes magras incluyen jamón, chuleta de pollo, ternera asada, lomo de cerdo, pescado blanco, carne de caballo, ternera picada o conejo al 5%. Para limitar la ingesta de grasa de otras carnes, también puede cortar el exceso visible, esta parte blanca que se encuentra en la pechuga de pato o el cordero, por ejemplo.

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3. Encuentre alternativas al aceite y la mantequilla

¡A veces se necesita astucia para aligerar sus recetas! Los purés de semillas oleaginosas, por ejemplo, son un buen sustituto de la mantequilla y los aceites vegetales obtenidos por extracción.Aunque son muy calóricos, estos purés de almendras, avellanas, cacahuetes o anacardos son ricos en vitaminas y nutrientes y siguen siendo más ligeros que la mantequilla, las grasas animales y los aceites vegetales. Para sus pasteles, también puede reemplazar esta grasa con un yogur, una compota e incluso un puré de calabacín, que aportará suavidad a la masa. ¿Y por qué no hacer un tiramisú con petits-fours suizos, una vinagreta con queso fresco y una crema batida con blancos en la nieve?

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4. Cambia tus platos!

La percepción de saciedad no es tan obvia para algunos de nosotros y puede retrasarse. Resultado: ¡comemos más de lo necesario! El tamaño de las porciones y la velocidad a la que ingerimos la comida son los dos factores principales de la saciedad, pero también podemos engañar a nuestros sentidos con mini-platos para nuestra área de comedor. Este truco fue probado por el psicólogo estadounidense Brian Wansink de la Universidad de Cornell: su equipo estudió la influencia del tamaño de las placas para desencadenar la señal de saciedad. El resultado es hablar: ¡una persona come un promedio de 57% más en un plato grande que en uno pequeño!

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